El profesor alzo una ceja.
-El profesor alzo una ceja- advirtió la mujer recargada sobre el escritorio - ¿Que dice?- Pregunto el anciano al joven de ropas rojas. -Al parecer nos dijo que...- -¡QUE HE ALZADO LA CEJA!- Interrumpió el hombre de anteojos.
-Interesante- agrego el joven
- ¿Muy necesario?- cuestiono el anciano
-Aterrador- expreso la mujer.
-En efecto- suspiro el profesor que sacaba un viejo libro de pasta raída. De un manotazo arrojo el mugriento libro hacia el joven quien torpemente logro atraparlo antes de que estrellase con su cara, una gran capa de polvo se levantó ante el impacto. Confundido miro al anciano que lo acompañaba. El viejo se limitó a alzar los hombros en forma de ademan.
- ¿Entonces que el profesor aquí presente alce una ceja significa que comenzara a lanzar libros?- El joven de ropajes rojos miro a la mujer. -No, significa que le molesto algo- El anciano comenzó a hojear el grueso libro. Sus ojos se abrieron de par en par.
-Es este- Exclamo con entusiasmo.
-Ahora largo de mi oficina, les he dado lo que querían, jóvenes viajeros- El profesor detuvo su mirada en el viejo que aún se hallaba perdido en el libro. -Bueno, no tan jóvenes- Corrigió.
-Fernar- El viejo se dirigo al joven.
- ¿Si Buller?- respondió.
- ¿Se supone el libro nos guiara a donde queremos ir, pero aquí solo puedo ver símbolos, y carezco de habilidad para entenderlos- Sin gesto alguno, Fernar se dirigió a la salida. -Mientras sigas mi paso, y no me estorbes, lo lograremos-

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